lunes, 26 de octubre de 2009

LA ESPERANZA VIAJA EN TREN

Foto: Colección Familiar

Sin saber que hacer, Natalia preguntó si el tren saldría a tiempo. El gran reloj que había sobre la tabla de horarios de llegada, marcaba que en diez minutos debería de partir hacia un destino que para ella no significaba nada.
Se metió entre los brazos de su humilde madre y lloró largamente allí con un llanto quedito.
El olor del aire ligeramente dulzón, le pareció entonces lleno de muerte; recordó entonces todo lo sucedido en los últimos días: la llamada telefónica del hermano mayor, el giro telegráfico, la carta donde explicaba todo y de repente sin más dejó de llorar.
Parecía que la tradición de la emigración en la provincia estaba trazada desde su acta de nacimiento o al menos eso sentía.
Natalia se secó las lágrimas y se acomodó los jeans.
-Bueno, ya estamos aquí- le dijo su madre- Ya tienes edad suficiente, hija mía. Ahora se fuerte.
Con el corazón apretado y el rostro endurecido, Natalia sólo movía la cabeza en señal de afirmación.
Era hora de dejar el pueblo y reunirse con sus hermanos en el Norte. Buscar la riqueza, la fortuna y el bienestar que en su tierra le era negada, pero dentro de ella sabía que eso no era exactamente una promesa, sino un sueño americano enmarcado en largas jornadas de trabajo y días difíciles.
Se oyó un silbido. Su madre, súbitamente, se puso muy seria.
-Esta bien mi Nati. Quédate tranquila y no llores. Prometo enviarte muchas cartas.
El tren comenzó a moverse. De un brinco, Natalia subió a él, con sólo una caja de cartón como equipaje.
Natalia vió a su madre agitando la mano, mitad llorando, mitad riendo, corriendo para seguir al tren, hasta que éste comenzó a acelerar y entonces se quedó saludando.
Natalia sufría, pero no lloró más. Observó entonces como las casas pasaban a toda velocidad por la ventanilla.
Sintió una ola de excitación y se calmó, como si de repente borrara todo su pasado.
No sabía lo que iba a pasar…pero estaba segura que sería mejor que lo que dejaba atrás…
Por lo menos eso esperaba.

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