domingo, 13 de diciembre de 2009

LA MUERTE DE JOSÉ CUBERO

¡Ay! Ha muerto un torero
y en el ruedo
hojas secas
arden bajo la luz
del crepúsculo.
Gritos torcidos
se revolotean en la arena
y una gota de sangre
resbala por su mejilla.
¡Ay! Ha muerto un torero,
que como clavel
doblado por el tallo
se ha marchitado,
mientras su alma de sed ardía.
¡Ay José Cubero “Yiyo”!
Rézale a la Virgen
porque de esta
no te escapas,
la muerte
se ha ensañado contigo
y con ella te quiere llevar.
Quiere con tus huesos
sales formar
para pulir sus dientes
que muestra al sonreír.
¡Ay! Ha muerto un torero
y mientras de su boca
el aliento escapaba,
una nota rota de violín
se escuchaba en la plaza,
mientras miles de ojos incrédulos
veían la escena
y las voces enmudecían.
¡Ay José!
Han taladrado tus carnes
ofrecidas en sacrificio,
mientras de la moza
una plegaria se escapaba
y una lágrima asomaba a sus ojos.
¡Ay carne de miseria!
¡Ay vida!
Adiós José,
flor de oro,
dulce trigo,
pronto nos veremos
nuevamente en la plaza,
donde la cal
de nuestros huesos
descansarán sobre la tierra
juntos.

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