viernes, 25 de diciembre de 2009

UN DÍA NO TAN COMÚN













Se levantó temprano esa mañana. Se duchó, tomó un jugo de naranja y se vistió rápidamente, mientras espiaba a la vecina por la ventana. Hace dos días que Salvador no va a trabajar. Habló con la secretaria y se reportó enfermó de gripe. Mañana irá con su amigo el Doctor para que le haga el paro y le extienda una receta médica.
Está frenético, obsesionado con su imagen. Buscándola por la ciudad, sin saber por dónde empezar. Si por lo menos tuviera alguna pista, su nombre o los lugares que frecuenta. Solo tiene un retrato hecho a lápiz que le hizo un artista callejero por el metro Balderas. A todo mundo se lo enseña, ha obtenido algunas pistas pero todas ellas inciertas.


En su desesperación, subió a lo más alto de la Torre Latinoamericana porque un sujeto le dijo que te parecías a alguien que veía seguido por ahí. Pasaste tres horas observando la ciudad sin ver nada.
Salvador está convencido que todo sería mucho más sencillo si tuviera un montón de dinero. No dependería de variables demasiado etéreas, relativas o fluctuantes, contrataría el mejor detective y pronto daría con ella.
Hoy, se da cuenta de que nada es absoluto, de que el amor a primera vista si existe, que lo relativo existe, de que el deseo por lo general es relativo y remontable, de que no todo es absoluto, ni el amor mismo.Pero con el amor se dialoga, se negocia, al mal deseo se le pone fin; sólo del amor real, esto que siente (aquello de que sin ti no puedo vivir) es preciso huir, porque jamás se descansa y nunca se tiene suficiente




Se sentó un rato en la mesa de un Oxxo cerca del Monumento a la Revolución y se tomó un café, observando por la ventana para ver si acaso te veía caminando por la avenida. El fuego en su boca lo quema... Por un momento se siente capaz de todas las conquistas, de todas las hazañas; a su lado Napoleón es una sombra.
Camina por las calles a paso de perro; nariz de perro ¿Quizás venga ella a su encuentro?
Quizás... pero no. Ella está muy lejos. O tan, tan cerca; tan dentro de él que es imposible que exista. Que solo sea un sueño, un delirio de alcohol y luces de antro.






Una búsqueda, en un día común, bueno quizás no tan común, que sin embargo ya no espera nada.
Pero sigue caminando, no se detiene, por las calles solitarias de la Zona Rosa, hasta que el fuego se extinga. Entonces volverá a su casa, tomará el metro en cualquier estación y de nuevo la espera.

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