
A esta crisis de los cuarenta se le conoce también como la crisis de la media vida, porque se considera que a esa edad se ha recorrido la mitad de los años de expectativa de vida. También se le llama crisis de madurez, ya que de ella puede resultar un equilibrio y un sentido del deber porque supone que a partir de ese momento, se puede alcanzar una vida lograda y fructífera.
Yo creo que envejecer es un hecho innegable y a los 40 te encuentras en la bifurcación del camino en donde debes decidir que ruta tomar. Es un hecho que la vida te cobrará la factura dependiendo de qué camino escojas transitar.
Es indudable que no eres el mismo de antes. A pesar de nuestros mejores intentos, ya no somos capaces de competir día tras día con los veinteañeros. Pero eso no debe convertirse en un problema. A los cuarenta somos distintos, es un hecho que debemos aceptar. Somos mejores o al menos esa es la idea, piénsalo bien. Todo depende del cristal con lo que lo mires.
De hecho llegar a viejo no es tan terrible. Una historia de cuarenta años encierra fracasos y éxitos, lo importante es no detenerse, no mirar atrás. Lo único importante es seguir sembrando la buena semilla aunque no se tengan ni fuerzas para abrir una lata. No desfallecer ante los obstáculos, ni dejarse amedrentar por las pequeñeces que se encuentren en los años venideros.






































